Una entrevista histórica con uno de los artistas más importantes de Latinoamérica, a propósito de su nuevo disco solista ‘Puñal’.

Mientras esperaba a Dante Spinetta para entrevistarlo me cayeron las fichas de la importancia y trascendencia que tiene su obra para la música latinoamericana. Además de ser el hijo mayor y legítimo heredero musical de esa leyenda que brilla cada vez más luminosa en el universo del rock argentino llamada Luis Alberto Spinetta, Dante es uno de los dos cerebros de Illya Kuryaki and The Valderramas, el dúo que armó junto a su amigo de la infancia Emmanuel Horvilleur y que cambió para siempre el rock en español con esa extraña mezcla de rap, funk, arreglos orquestales y canciones spinetteanas. También es el hombre que en la primera década de este siglo hizo del rap y la música urbana su bandera para consolidar ese movimiento en su país natal. Mención aparte merece su talento como interprete de la guitarra: Dante es hoy por hoy uno de los mejores guitarrista vivos de rock en Argentina. A esta altura podemos afirmarlo: Dante Spinetta es un puto genio.

Cuando Dante entra la oficina lo que más me llamó la atención fue su estatura. Es altísimo y de porte atlético. Viste playera de algún color entre rojo y rosa, chaqueta de jean, pantalones roídos, zapatos blancos y una gorra del equipo estadounidense de hockey sobre hielo Florida Panthers. Desde algunos ángulos impresiona el parecido de las facciones de su rostro con las de su padre, sobre todo en esa mirada de ojos bien abiertos con un dejo infantil y en su sonrisa dulce, de esas que como acto reflejo dibujan otra en los labios del interlocutor.

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